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FER: «El nuevo Reglamento europeo sobre vehículos fuera de uso impulsa la circularidad, pero pone en riesgo un modelo de reciclaje que funciona”

    La Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje valora la incorporación obligatoria de plástico reciclado y otras medidas que favorecen la economía circular, pero advierte de que la nueva normativa impone exigencias técnicas y económicas desproporcionadas para materiales como el acero y el aluminio, sin aportar beneficios ambientales equivalentes.

    Madrid, 18 de junio de 2026. La Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) considera que el nuevo Reglamento europeo sobre los requisitos de circularidad para el diseño de vehículos y la gestión de los vehículos al final de su vida útil (VFVU), aprobado hoy por el Parlamento Europeo, supone un avance en la transición hacia una economía circular, aunque alerta de que la norma presenta importantes desequilibrios que podrían comprometer la eficacia de un modelo de reciclaje plenamente consolidado en Europa.

    Como organización que representa a la cadena de valor del reciclaje, incluyendo a los sectores de la fragmentación y la postfragmentación de vehículos, FER ha participado activamente durante la tramitación de este Reglamento, trasladando a las instituciones europeas la visión técnica de un sector estratégico para la gestión de este flujo de residuos.

    Solo en España se dieron de baja para su tratamiento más de 671.000 turismos y vehículos comerciales ligeros durante 2025, mientras que en Europa circulan más de 248 millones de turismos y furgonetas. Se trata, por tanto, de uno de los residuos con mayor impacto económico y ambiental dentro de la economía circular.

    CONTENIDO MÍNIMO DE PLÁSTICO RECICLADO

    Entre los aspectos que FER considera más positivos figura la obligación, por primera vez, de incorporar plástico reciclado procedente de residuos posconsumo en la fabricación de vehículos nuevos. El Reglamento establece un contenido mínimo del 15 % seis años después de su entrada en vigor y del 25 % a los diez años.

    Asimismo, la Federación valora favorablemente que los fabricantes deban elaborar estrategias de circularidad, declarar el contenido reciclado de sus vehículos y crear un pasaporte digital de circularidad, medidas que contribuirán a mejorar la trazabilidad de los materiales y la gestión de los vehículos al final de su vida útil.

    Otro de los avances destacados es el endurecimiento de los controles sobre la exportación de vehículos usados, con el objetivo de evitar que residuos de vehículos sean enviados fuera de la Unión Europea bajo la apariencia de vehículos de segunda mano.

    Sin embargo, FER considera que estos avances conviven con decisiones regulatorias que pueden perjudicar gravemente al sector del reciclaje sin traducirse en mejoras reales para el medio ambiente.

    «El Reglamento es solo el tronco del árbol; ahora queda desarrollar todas sus ramas en forma de legislaciones secundarias, que determinarán cómo se aplican realmente estas medidas; y ahí es donde será fundamental que se escuche al sector del reciclaje para evitar efectos no deseados», explica Ion Olaeta, presidente de FER.

    EXIGENCIAS DE CALIDAD DESPROPORCIONADAS

    La Federación muestra especial preocupación por las nuevas exigencias de calidad impuestas al acero y al aluminio recuperados de los vehículos fuera de uso. La reducción de determinados elementos, como el cobre presente en el acero fragmentado, y la obligación de separar progresivamente diferentes calidades de aluminio obligarán a realizar importantes inversiones en tecnologías de separación y clasificación.

    Según FER, estos requisitos incrementarán considerablemente los costes de tratamiento sin que exista evidencia de que aporten beneficios ambientales equivalentes.

    «La recuperación de metales procedentes de vehículos fuera de uso es hoy una actividad altamente eficiente y consolidada, por lo que introducir obligaciones que encarecen el proceso sin mejorar los resultados ambientales supone poner obstáculos que actualmente no existen», señala Olaeta.

    La organización también cuestiona la obligación de desmontar previamente determinados componentes, como motores eléctricos completos o llantas, antes de proceder a la fragmentación de los vehículos.

    «La legislación debería ser tecnológicamente neutra y permitir que cada instalación utilice los procesos más eficientes”, explica el presidente de FER, porque durante más de veinte años “el sector ha evolucionado para simplificar y optimizar el reciclaje y ahora imponer determinadas operaciones puede incrementar los costes sin aportar una mejora ambiental proporcional».

    OBJETIVOS DE RECICLAJE DE PLÁSTICOS INSUFICIENTES

    A estas preocupaciones se suma, según la Federación, una importante contradicción en el propio texto europeo. Mientras la normativa obliga a recuperar un porcentaje creciente del plástico presente en los vehículos al final de su vida útil, mantiene unos objetivos relativamente modestos para incorporar plástico reciclado en los vehículos nuevos e, incluso, contempla excepciones cuando exista falta de material o aumenten los precios.

    «Se exige reciclar más plástico, pero no se garantiza que exista un mercado que lo consuma”, afirma Olaeta, por lo que “sin una demanda sólida de materiales reciclados será muy difícil consolidar las inversiones necesarias para avanzar en una verdadera economía circular».

    Para FER, el nuevo Reglamento representa una oportunidad para seguir avanzando hacia un modelo más circular en el sector de la automoción, pero considera imprescindible que el desarrollo de la normativa secundaria corrija estos desequilibrios y tenga en cuenta la experiencia de una industria que lleva décadas contribuyendo al aprovechamiento eficiente de los recursos.

    «Valoramos el esfuerzo realizado por las instituciones europeas y compartimos el objetivo de impulsar una economía circular más ambiciosa; sin embargo, es necesario que las futuras normas encuentren un equilibrio entre la protección ambiental, la viabilidad industrial y el desarrollo de mercados sólidos para los materiales reciclados», concluye Ion Olaeta.

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