«Aunque ahora tengamos más medios y la maquinaria sea más moderna, el trabajo de separar y seleccionar es cada vez más grande y complejo»
JUAN LEONARDO RAMÍREZ / Fundador de Recuperados y Desguaces J. Leonardo
La trayectoria de Juan Leonardo Ramírez en el sector del reciclaje es un ejemplo de cómo convertir una pasión en una profesión. Y de cómo una persona, con sus propias manos, generó un negocio que hoy cuenta con la tecnología más avanzada para el reciclaje de vehículos al final de su vida útil.
La Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) otorgó el premio «Toda una vida dedicada a la recuperación» a Juan Leonardo Ramírez, en reconocimiento a su trayectoria en el sector, en la que ha encarnado y dignificado la figura del reciclador, convirtiéndose en un ejemplo para la profesión. Hoy, Recuperados y Desguaces J.Leonardo es una empresa con más de 25 años de experiencia en la recuperación y reciclaje de vehículos al final de su vida útil. Gracias a su profesionalidad, rigor y servicio ha conseguido ser líder del sector en Andalucía.
Charlamos con el galardonado para que explique cómo fueron aquellos inicios, cuál ha sido el proceso de transformación de su empresa y cómo afronta el futuro de una actividad que está en pleno proceso de transformación y de adaptación continua a las nuevas medidas regulatorias y los vaivenes del mercado.
¿Qué ha supuesto para usted y para su empresa recibir el premio “Toda una vida dedicada a la recuperación” por parte de FER?
Para mí ha sido un orgullo enorme. Toda mi vida he disfrutado trabajando en el reciclaje, así que recibir este premio me ha hecho muchísima ilusión. Es un reconocimiento muy grande y me siento muy orgulloso de haberlo conseguido.
Con su trayectoria en el sector, ¿qué recuerdos guarda de aquellos inicios y de cómo era entonces el trabajo de convertir residuos en recursos?
Mis comienzos fueron muy humildes. Tenía muy pocas cosas para trabajar: unas cuantas herramientas básicas y poco más. Para que se haga una idea, llegué a cortar coches con un hacha y cargarlos en una furgoneta. Con un porro y un martillo rompía el aluminio y desmontaba las piezas. Así empecé, paso a paso, levantando cabeza poco a poco.
En aquella época todo era más duro, había menos medios y más esfuerzo. Por eso decidí buscarme la vida comprando chatarra y aprovechando cualquier pieza que pudiera recuperar. No tenía a nadie que me enseñara este oficio; fue todo iniciativa mía. Mi interés siempre fue recuperar materiales y darles una segunda vida, aunque solo contara con un martillo, un hacha y mis ganas de trabajar.
¿Podría situar cronológicamente los momentos clave para el desarrollo de Recuperados y Desguaces J. Leonardo hasta hoy en día?
Uno de los primeros pasos importantes fue cuando pude comprar mi primera grúa. Para mí aquello fue un triunfo, porque por fin podía mover y desmontar piezas más pesadas. Eso me abrió muchas puertas.
Más adelante me di cuenta de que el espacio que tenía se me quedaba pequeño para todo lo que quería recuperar. Entonces decidí dar un paso más y comprar un terreno más grande. Ese fue otro logro muy importante, porque me permitía almacenar más materiales.
Con ese espacio, pude seguir creciendo: compré una prensa para compactar la chatarra, luego otra con cizalla y más maquinaria. Todo eso me permitió reutilizar cada vez más materiales: vigas, tubos, piezas de maquinaria… siempre con la idea de recuperar y aprovecharlo todo.
Y, por último, recibir ese premio tan bonito ha sido otro gran triunfo en mi vida y en la historia de mi empresa.
¿Sin qué personas sería imposible entender la evolución de Recuperados y Desguaces J. Leonardo?
Mi padre, aunque era fontanero, me ayudó siempre en todo lo que pudo. Después tuve un trabajador llamado Urbano, que entró conmigo a trabajar con solo 13 años y que aún sigue a mi lado. Me ha ayudado muchísimo y ha estado conmigo en los momentos buenos y en los difíciles. Le tengo un gran aprecio.
También tuve conmigo a mi hijo. Era muy buen estudiante y yo le di la oportunidad de ir a la universidad, pero él decidió quedarse a trabajar conmigo en la chatarrería. Eso para mí fue un orgullo enorme.
Y, por encima de todo, le debo muchísimo a mi gran mujer. Ella me ha apoyado en cada decisión que he tomado: en lo que he hecho bien y también en lo que no. Siempre ha estado ahí, sin fallar. Gracias a ella, hoy puedo decir que estoy muy contento y muy agradecido por todo lo que hemos construido juntos.
¿Cuáles eran los principales problemas o dificultades a los que se enfrentaron en aquellos primeros años y cuáles son los obstáculos hoy?
Al principio, uno de los mayores problemas era que los materiales valían muy poco y había que hacer muchísima mano de obra para poder reciclar y reutilizar. Además, trabajaba con muy poco espacio, lo que hacía todo aún más complicado. Era un trabajo duro y con muy pocos medios.
Hoy en día los problemas son diferentes. Ahora hay muchísimos residuos y una gran variedad de materiales. Cada pieza que llega puede ser distinta, y eso nos obliga a separar muchísimo y a conocer bien cada material. Muchas veces aparecen cosas nuevas que ni sabemos lo que son, y tenemos que estudiarlas para saber dónde llevarlas, cómo clasificarlas y cómo tratarlas.
Aunque ahora tengamos más medios y la maquinaria sea más moderna, el trabajo de separar y seleccionar es cada vez más grande y más complejo. Por eso hoy también hay que estar muy preparado para poder trabajar bien en este sector.
¿Considera que el trabajo esencial que desarrollan para la sociedad y el medio ambiente está suficientemente reconocido?
Creo que deberían reconocernos más. Nosotros estamos todos los días separando máquinas y materiales que la gente ni se imagina: piezas llenas de aceite, componentes distintos, partes que hay que clasificar una por una… Es un trabajo muy importante y muy poco visible.
A veces vienen los inspectores de medio ambiente y te dicen “esto aquí, esto allá”, pero yo pienso que deberían pasar un día con nosotros para ver realmente lo que hacemos y entender el esfuerzo que hay detrás. Porque trabajamos para que todo esté en regla y para cuidar el medio ambiente, aunque mucha gente no lo vea.
En fin, cada uno tendrá su opinión, pero yo estoy convencido de que hacemos un trabajo muy necesario y muy importante para el medio ambiente y para la sociedad.
¿De qué manera influyen las continuas adaptaciones normativas al desarrollo cotidiano de su trabajo?
Cada vez que sale una nueva normativa, nosotros la vemos bien porque entendemos que es para mejorar, pero también nos supone muchos gastos y mucho más trabajo. Cada cambio implica más personal, más tiempo y más costes, porque cada cosa nueva requiere un proceso, un control y una dedicación extra.
Al final, cumplimos con todo, pero es verdad que cada vez nos cuesta más adaptarnos, tanto por el esfuerzo como por el gasto que supone.
¿En qué aspectos la tecnología y la inteligencia artificial pueden transformar la industria del reciclaje?
La tecnología y la inteligencia artificial las vemos con respeto, pero también creemos que pueden ayudarnos mucho. Por ejemplo, pueden servir para reconocer materiales o identificar máquinas que llegan al desguace. A veces aparece una pieza que no conoces, y con una simple foto ya te dice qué es y cómo se puede reutilizar. Eso es una ventaja enorme.
También puede ayudarnos a la hora de vender maquinaria o materiales, facilitando el trabajo y haciéndolo más rápido.
Así que, por un lado, nos da un poco de respeto, pero, por otro, si sabemos utilizarlo bien, creo que puede ser muy positivo para nuestro sector.
¿Qué valoración hace del trabajo que desarrolla FER?
Para mí, la FER hace un trabajo muy bueno. Gracias a ellos se ha defendido nuestro oficio y se ha demostrado la importancia que tiene lo que hacemos para el medio ambiente y para la sociedad. Antes los chatarreros no teníamos ni voz ni voto; éramos los que siempre estábamos ahí, trabajando, pero sin que nadie nos mirara ni nos valorara.
Con esta asociación, eso ha cambiado. Cada día sentimos más reconocimiento hacia nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y hacia la labor que hacemos por el medio ambiente. Por eso, estoy muy agradecido a la FER. De verdad, han hecho un gran trabajo y nos han dado el lugar que merecemos.